
El 12 de abril de 2025, Estados Unidos e Irán llevaron a cabo su primer encuentro en una década en Omán con el objetivo de discutir un nuevo acuerdo sobre el polémico programa nuclear de Irán. Ambas partes calificaron las conversaciones como “constructivas” y anunciaron una segunda ronda de negociaciones para la próxima semana.
El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, expresó que la reunión se desarrolló en un ambiente respetuoso, sin usar un lenguaje inapropiado, y fue bien recibida por los funcionarios iraníes. Por su parte, la Casa Blanca también destacó el carácter positivo y constructivo de las pláticas, agregando que el enviado especial de la administración Trump, Steve Witkoff, estaba trabajando para resolver las diferencias a través del diálogo y la diplomacia.
Durante las negociaciones, las delegaciones de EE. UU. e Irán se mantuvieron en habitaciones separadas, comunicándose a través del ministro de Exteriores de Omán, Badr bin Hamad al-Busaidi. Sin embargo, Araghchi y Witkoff tuvieron un breve encuentro cara a cara en presencia de al-Busaidi, lo que fue visto como un paso hacia una mayor apertura en las negociaciones, aunque no como un diálogo directo entre ambas delegaciones.
El presidente de EE. UU., Donald Trump, expresó su deseo de que Irán se convierta en un “país maravilloso” pero reiteró que el régimen iraní no puede poseer armas nucleares. Este encuentro también refleja un cambio de enfoque en la diplomacia, en comparación con los intentos previos de la administración Biden de retomar las conversaciones en 2021.
Irán ha insistido en que su programa nuclear tiene fines civiles, pero los países occidentales y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) siguen siendo escépticos. Las preocupaciones surgieron cuando Irán reveló en 2003 que poseía instalaciones nucleares secretas, lo que rompió el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). Este tratado permite a los países usar la tecnología nuclear para fines pacíficos, pero prohíbe la fabricación de armas nucleares.
Desde la salida de EE. UU. del acuerdo nuclear en 2018, Irán ha incumplido varios compromisos del Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC), como el enriquecimiento de uranio. Según informes de la OIEA, Irán posee actualmente uranio enriquecido al 60%, lo que le da la capacidad teórica para fabricar varias armas nucleares si continúa con el enriquecimiento. Algunos funcionarios estadounidenses creen que Irán podría convertir este uranio en material para una bomba en tan solo una semana.
El presidente Trump justificó su retiro del acuerdo de 2018 al considerarlo “malo” porque no abordaba el programa de misiles balísticos de Irán ni era un acuerdo permanente. Tras la salida de EE. UU., Irán reanudó actividades nucleares prohibidas y las sanciones económicas fueron restablecidas, lo que afectó gravemente su economía.
En cuanto a los intereses de EE. UU. e Israel, ambos países han insistido en que Irán debe desmantelar completamente su programa nuclear. Israel, que no ha firmado el TNP y se cree que posee armas nucleares, ha expresado su preocupación por cualquier acuerdo que no signifique la completa capitulación de Irán. Las autoridades israelíes temen que Irán, con armas nucleares, representaría una amenaza directa, especialmente porque no reconoce el derecho de Israel a existir.
Si las negociaciones no llegan a un acuerdo, tanto EE. UU. como Israel tienen la capacidad de llevar a cabo un ataque militar contra las instalaciones nucleares iraníes. Sin embargo, un ataque de esta magnitud sería complicado debido a la profundidad de las instalaciones y las posibles represalias de Irán. Además, algunos países aliados de EE. UU., como Qatar, podrían dudar en apoyar una intervención de este tipo por temor a represalias de Irán.
A pesar de los desafíos, las conversaciones entre EE. UU. e Irán en Omán representan una nueva oportunidad para resolver de forma pacífica las tensiones sobre el programa nuclear de Irán, aunque el futuro del diálogo sigue siendo incierto.
