
El gobierno de China ha decidido no dar marcha atrás frente a la nueva ofensiva arancelaria de Donald Trump. Y la razón es clara: Pekín considera que no tiene necesidad de hacerlo.
Desde que el expresidente estadounidense anunció recientemente un aumento en los aranceles a los productos chinos, China ha respondido con medidas similares, elevando sus propios impuestos a las importaciones provenientes de EE.UU.
A pesar de calificar a Trump como un “matón”, lo que realmente impulsa esta postura es la capacidad del país asiático para resistir. Aunque Estados Unidos representa un mercado clave para sus exportaciones, estas solo suponen alrededor del 2% del Producto Interno Bruto (PIB) de China, lo que le otorga un margen de maniobra significativo.
No obstante, Pekín preferiría evitar una confrontación comercial en medio de sus propias dificultades internas: una economía afectada por una prolongada crisis en el sector inmobiliario, altos niveles de deuda regional y desempleo juvenil persistente.
Aun así, el liderazgo del país ha afirmado ante su población que tiene los recursos y la solidez necesarios para hacer frente a las medidas estadounidenses. Además, saben que sus contramedidas afectarán también a las empresas exportadoras de EE.UU.

Aunque Trump ha presumido de poder doblegar a China con simples subidas arancelarias, los hechos muestran lo contrario. Pekín no está dispuesto a ceder.
Durante un encuentro reciente con el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, el presidente chino Xi Jinping afirmó que China y la Unión Europea deberían oponerse juntos a las políticas unilaterales del gobierno estadounidense. Sánchez, por su parte, expresó que las tensiones con EE.UU. no deberían obstaculizar la cooperación entre China y Europa.
Justo después de esta reunión, China volvió a incrementar los aranceles a productos estadounidenses, aunque ha indicado que no responderá más allá de este último ajuste si Washington continúa con nuevas alzas.
Xi tiene previsto visitar Malasia, Vietnam y Camboya —países que también han sufrido el impacto de las tarifas estadounidenses—, mientras que sus funcionarios mantienen diálogos con naciones como Sudáfrica, Arabia Saudita e India para fortalecer los lazos comerciales.
Además, según algunos informes, China y la Unión Europea estarían discutiendo la posibilidad de reemplazar los aranceles impuestos a los automóviles chinos por un precio mínimo acordado, como forma de evitar una guerra comercial con el bloque europeo.
En definitiva, China ha mostrado que dispone de múltiples alternativas y socios con los que expandir su comercio.
Muchos expertos consideran que esta guerra de tarifas entre las dos potencias ha alcanzado un punto en el que su efecto real sobre el comercio bilateral es mínimo, convirtiéndose en una disputa más simbólica que económica.
Recientemente, la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Mao Ning, compartió en redes sociales imágenes del expresidente Mao Tse-Tung, incluyendo un fragmento sobre la Guerra de Corea, en el que declaraba: “No importa cuánto dure esta guerra, nunca cederemos”. Añadió: “Somos chinos. No tememos las provocaciones. No retrocederemos”.
Cuando China evoca a Mao, el mensaje es claro: está lista para una confrontación prolongada.