
“Mi alma y mi corazón se apagaron con la muerte de Rifaat”, dice Hajjah Umm Muhammad, madre del joven paramédico palestino Rifaat Radwan, uno de los 15 trabajadores sanitarios que perdieron la vida tras un ataque del ejército israelí.
Rifaat, de 23 años, se encontraba a bordo de una ambulancia de la Media Luna Roja Palestina (MLRP) en un convoy de emergencia el 23 de marzo, cuando fueron blanco de un ataque militar. Su madre cuenta que la zona había sido catalogada como segura y accesible para los servicios de emergencia, por lo que no imaginaba que pudiera ocurrir una tragedia.
En un primer comunicado, Israel explicó que el convoy fue atacado porque se aproximó de forma “sospechosa”, sin luces visibles. Sin embargo, un video recuperado del teléfono de Rifaat mostraba lo contrario: los vehículos estaban iluminados mientras atendían una emergencia.
“Perdóname, madre… este es el camino que elegí para ayudar a la gente”, se escucha decir a Rifaat en esa grabación, poco antes de su muerte. Umm Muhammad cree que su hijo se estaba despidiendo, consciente del peligro al que se enfrentaba. “Era valiente, recorría toda Gaza para salvar vidas”, recuerda.
Voluntario desde el inicio del conflicto

Rifaat se unió a la MLRP como voluntario tras la ofensiva israelí iniciada en Gaza luego del ataque de Hamás en octubre de 2023. Disfrutaba del trabajo humanitario y había ayudado incluso en traslados de heridos hacia Egipto, según cuenta su madre.
La noche del ataque había salido a socorrer a víctimas de una serie de bombardeos. Pasaron siete días hasta que su cuerpo y el de sus compañeros fueron encontrados, enterrados en la arena por tropas israelíes para evitar que fueran devorados por animales, de acuerdo con un funcionario israelí.
En lugar de celebrar el Eid al Fitr con él, su familia tuvo que ir al hospital Nasser en Jan Yunis para recoger su cadáver. “Estaba irreconocible”, dice su madre, quien no pudo verlo por el estado en que fue encontrado. Rifaat era el único sustento económico de sus padres.

Testigo del horror
Munther Abed, el único sobreviviente del ataque, relató que fueron atacados sin previo aviso. Se escondió en la parte trasera del vehículo y escuchó los últimos jadeos de sus compañeros. Luego fue capturado, golpeado y torturado durante un interrogatorio de 15 horas, según denunció. También le quitaron su teléfono móvil.
Munther calificó a sus compañeros como su segunda familia. “Quise morir al ver lo que ocurrió”, confesó entre lágrimas.
Investigación y versiones enfrentadas
La recuperación del celular de Rifaat reveló que los vehículos sí llevaban las luces encendidas, contradiciendo la versión inicial de Israel. Tras esto, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) admitieron que su informe estaba basado en datos erróneos proporcionados por los soldados.
Mientras tanto, la Media Luna Roja Palestina denunció que los paramédicos presentaban múltiples impactos de bala en la parte superior del cuerpo, señal de un ataque intencional. La organización también rechazó las acusaciones de que entre los fallecidos había militantes de Hamás, dado que no se presentaron pruebas.
El ejército israelí prometió una investigación más profunda sobre los hechos. Su jefe de Estado Mayor ordenó al equipo correspondiente que analizara todos los aspectos del suceso para tomar una decisión sobre las acciones a seguir.
Desde el inicio de la ofensiva en Gaza, más de 50.750 personas han fallecido, según cifras del Ministerio de Salud local. El acuerdo de alto el fuego anunciado en enero no prosperó y actualmente 58 rehenes continúan en Gaza, aunque solo 24 se cree que siguen vivos.
