
El 12 de abril de 2025, el gobierno de Estados Unidos anunció que los celulares y computadoras quedarían exentos de los aranceles recíprocos, incluidos los impuestos del 125% aplicados a las importaciones chinas. Según un boletín de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE. UU., estos productos no estarán sujetos al arancel global del 10% que el presidente Donald Trump había impuesto a la mayoría de los países, ni al impuesto más alto sobre las importaciones de China.
Esta decisión responde a las preocupaciones de las empresas tecnológicas estadounidenses, que temían que el aumento de los aranceles encareciera considerablemente los dispositivos, ya que muchos de ellos se fabrican en China. Las exenciones, que tienen efecto retroactivo al 5 de abril, incluyen otros componentes electrónicos como semiconductores y tarjetas de memoria.
Este es el primer ajuste significativo a los aranceles de Trump a China. Las grandes empresas tecnológicas de EE. UU., especialmente en el sector de los smartphones, esperaban que la medida aliviara la presión sobre los precios. Se estima que si los aranceles se hubieran trasladado completamente a los consumidores, los precios de productos como el iPhone podrían haberse triplicado.
Trump, quien se encontraba en su residencia de Florida, declaró que estaba conforme con los altos aranceles a China y confía en que, a largo plazo, traerán resultados positivos. Además, destacó su relación con el presidente chino, Xi Jinping.
A pesar de esta medida, persisten dudas sobre si otros productos tecnológicos importados desde China seguirán sujetos a un arancel del 20%, que no formaba parte de los gravámenes recíprocos anunciados a principios de abril. La BBC ha solicitado más detalles a la Casa Blanca.
Desde la implementación de los aranceles, Apple y otras grandes compañías tecnológicas han tratado de diversificar sus cadenas de suministro para reducir su dependencia de China. India y Vietnam se han presentado como opciones viables para la fabricación de dispositivos.
En cuanto a la política arancelaria general, Trump había planeado imponer mayores tarifas a productos de diversos países, pero luego cambió de postura y decidió aplicar una pausa de 90 días a los aranceles de países que no habían tomado represalias contra EE. UU., exceptuando a China, a quien impuso un gravamen adicional del 145%. Este cambio de política busca negociar mejores condiciones comerciales y ha sido defendido por Trump como una estrategia para corregir las “injusticias” del comercio global y traer más empleos a Estados Unidos.
